Nuestras arrugas: las heridas de guerra más hermosas del mundo

Cuida tus arrugas y mantén tu rostro joven con Pond’s

La feminidad es algo muy particular. Y eso es lo que más nos encanta de haber sido bendecidas por la naturaleza con el regalo de ser mujer. A veces nos quejamos de todo lo que implica esa gran responsabilidad, pero la verdad es que nos fascina, nos encanta ser hormonales, emotivas, sensibles, cambiantes, confusas. No sabríamos ser de otra manera. No querríamos ser de otra manera.

Nosotras somos así, pensamos todo mucho más, somos demasiado sentimentales, místicas y entendemos el poder de nuestros sentidos y lo que significa el poder traer vida al universo.

Y esto de ser mujeres, en todo nuestro esplendor, a veces parece un camino bastante ondulado y empinado, cuyas esquinas, curvas y obstáculos nos dejan marcas en el alma y en la piel.

A nosotras nos gusta darle vueltas a todo, darle vueltas a las vueltas y sentimos cada piedra del camino debajo de los zapatos, contemplamos todas las posibilidades y debemos encargarnos de ser muchas cosas a la vez: mujeres, madres, novias, esposas, amigas, trabajadoras, estudiantes, o hijas.

Así que por el hecho de ser mujeres, llevamos bastantes cicatrices a cuestas. Muchas veces son los rastros de un amor no correspondido, otras veces son las palabras que decidimos nunca decir y que nos hirieron por tener que quedarse adentro.

Y qué decir de todas las veces que nos equivocamos, que sentimos un dolor profundo, que amamos hasta rompernos y de nuestro cuerpo, que sirvió de hogar para unos hijos.

Pero no todas las cicatrices son de guerra, muchas también son huellas de todas esas veces que la vida nos ha hecho sonreír y de todas esas carcajadas, muecas y gestos graciosos que, alguna de esas personas encantadoras que nos rodean, nos obligó a hacer.

Y es por eso que nos gusta tanto ser tan diferentes de los hombres: porque ellos llevan sus cicatrices, ellos también tienen sus grandes y honorables luchas. Pero nosotras somos distintas, porque nuestras cicatrices son realmente nuestras arrugas.

Nuestras heridas de guerra son todas esas líneas que marcan nuestra cara, sobre las que están escritas esas veces que reímos y que lloramos en la vida.

Es por eso que cuando entramos en cierta edad y nuestro rostro se llena cada vez más de arrugas, comenzamos a apreciar todo lo que hemos vivido y a recordar todas las experiencias, todos los momentos y los instantes por los que hemos pasado para llegar hasta donde estamos.

Y es en ese momento en el que entendemos que nuestras arrugas en el rostro no son necesariamente un problema, sino sencillamente un testimonio visible de todo lo que somos.

Por fortuna, un experto en piel como Pond´s nos comprende a la perfección y sabe que cuando nos llega ese momento de la vida en que comienzan a aparecer arrugas en nuestra cara, lo único que queremos es cuidarlas, evitar que pasen de ser huellas a ser defectos que nos incomodan.

Por eso, la mejor manera de hacerles honor, de cuidarlas a diario y de evitar que se salgan de control, es protegiendo nuestra piel con la rutina de belleza de Pond´s Age Miracle, especialmente diseñada para nosotras, las que estamos orgullosas de llevar nuestras heridas de guerra a flor de piel.

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